Cambiar de ciudad un gran reto

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Cuando por razones laborales te ves obligado a cambiar de ciudad procuras que la transición sea lo más sencilla y lo menos traumática posible, sobre todo si tienes familia.
Cuando tus raíces están bien arraigadas y eres una persona muy familiar, la decisión suele ser más dolorosa, pero como dice ese dicho, son lentejas o las comes o las dejas.

Imagina que te vas del norte al sur, mucho más impactante, porque no solo cambias de ciudad y de costumbres, también de clima, de gente, de luz de todo, estos cambios vienen de serie con la tristeza inicial y con el “yo me quiero ir a casa”.

Luego la cosa cambia, empiezas a conocer el nuevo lugar, las gentes, las zonas más bonitas y turísticas, hablemos por ejemplo de Andalucía, por ejemplo de Granada, una bella ciudad. No te cansarás nunca de pasear por sus calles, de visitar la Alhambra, de ir por el zoco… Y al final te das cuenta que era  más el miedo que lo que ha pasado.

Los niños se han hecho muy bien al cambio, el cole nuevo les encanta y ya tienen amigos. Tu mujer se ha adaptado a la perfección, tiene  mucho que ver el que es una persona muy simpática y sociable por lo que no hay problema en ese aspecto y tu, pues lo llevas lo mejor posible, un nuevo trabajo siempre impone un poco y estas un poco mareado todavía.

Y como era de esperar, algo tenía que fallar, ya que ha habido grandes pérdidas en la mudanza, lo normal era que se estropeara algo, y le ha tocado al coche. Así que le preguntas a algún compañero de trabajo donde hay un desguace en el que poder comprar la pieza que tienes que cambiar. Te hablan de desguacesgranada.com e inicias una búsqueda exhaustiva del lugar al que te diriges el sábado por la mañana con tu hijo de nueve años, allí pasáis la mañana los dos buscando entre los coches, porque aunque te han dicho que tiene la pieza allí mismo, quieres buscarla y pasar un rato con el peque. La experiencia es maravillosa, tu hijo te habla y os reis y lo pasáis genial y lo que en principio es una compra de una pieza se convierte en una rato muy agradable en compañía de tu hijo que disfrutas como un enano.